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El Amambay no es otro país

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A mi buen amigo y vecino de columna Alfredo Mengo Boccia lo conocía como un prestigioso médico hematólogo, investigador de temas de derechos humanos y de memoria histórica, refinado escritor, analista político y dicharachero anfitrión, pero de ahora en más también habrá que tenerlo en cuenta como un anticipador de hechos trágicos, una especie de Nostradamus criollo en asuntos de narcopolítica.

FOTO. SALTO AGUARAY EN CAPITAN BADO – AMAMBAY

El 15 de setiembre, en esta misma página, Mengo escribía: “El narcoabogado se gratifica de estar magníficamente pagado, pero vive con miedo. Se siente en una cuerda floja. Su prestigio en el ambiente puede atraerle más clientes, pero esa fama suele ser el anticipo de epitafios. Está en un pedestal, pero con un pie en la cárcel y otro en un panteón”.

No sé si la abogada argentina Laura Casuso, mediática defensora de célebres capos narcos como Jarvis Chimenes Pavão y Marcelo Pinheiro, habrá leído la columna. Probablemente sí, ya que era una persona muy informada. Me hubiera gustado preguntarle si se sintió retratada en el texto. Ya no será posible. Cayó acribillada a balazos por sicarios fronterizos el lunes 12 de noviembre, en una céntrica calle de Pedro Juan Caballero.

Todavía resuenan voces que sostienen que el crimen “fue un ajuste de cuentas entre los narcos”, que la abogada Casuso se lo buscó “por tener tales clientes”, que esa nomás luego “es la ley de la frontera” y que no nos afecta mucho, como si lo ocurrido en Pedro Juan Caballero hubiera sido en otro país.

No es así. Fíjense en el mapa. Pedro Juan Caballero sigue siendo territorio paraguayo, queda a solo 361,33 kilómetros de distancia de Asunción en línea recta, 546 kilómetros por ruta. Es la llamada “terraza del país”, la capital del Departamento de Amambay, parte esencial del noreste de la Región Oriental, una de la zonas económicamente más activas y con gran potencial de turismo y producción.

Amambay es, además, un lugar de gran valor histórico y cultural. Allí se encuentra Cerro Corá, el sitio en donde fue ultimado el mariscal Francisco Solano López, en donde concluyó la trágica y heroica Guerra de la Triple Alianza el 1 de marzo de 1870, un hecho cuyo sesquicentenario se cumplirá muy pronto.

Es decir, no hay razones para considerar que Amambay sea ya un territorio perdido en manos de las bandas armadas del narcotráfico y del crimen organizado, una especie de “no man’s land” (tierra de nadie) donde se puede asesinar a quien sea y quedar impune. El Estado paraguayo no puede resignar tan fácilmente que Amambay se le vaya de las manos. La institucionalidad y la seguridad deben restaurarse plenamente. Se lo debe a la gente que imagina un Amambay de progreso y trabajo honesto. (Andrés Colmán G. Ú.H)

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